Tras el largo periodo de angustia existencial, al parecer voy encontrando la calma. Pero más que calma, me parece que la palabra debería ser felicidad. O más bien plenitud. El punto, para no hacerse bolas, es que me siento muy bien.
Pensando en el proceso y el porqué me siento así, me atrevo a afirmar que todo es producto de un cambio interno. Lo de afuera no se modificó. Y esto no quiere decir, por supuesto, que el cambio interno no sea producto de encuentros con cosas fuera de mi cabeza, a lo que me refiero es que en general mi vida es la misma. ¿O no?
El rompimiento de mi última relación, hace mes y medio (que parece hubiera sido hace años), me brindó el espacio y la tranquilidad para poder ver el mundo. Ese hecho coincidió con una gran fractura en mi vida con amigos y un proyecto político de casi 10 años que se desvió totalmente de su cauce. Ese rompimiento, aunque doloroso, me permitió de nuevo darme cuenta de quien soy y lo que busco en la vida. Me hizo voltear de nuevo hacia la ética y me obligo a ver mi interior. Sin duda estos hechos han influido, son los que han modificado mi forma de vida desde que empezó el año.
Ese es el estado en que me encontraba y el que permitió que una serie de hechos, de esos que pareciera no implican un cambio de vida, me llevaran a sentirme como me siento ahora.
Un amigo de mi amiga A de la que ya he hablado en este foro, me recomendó leer a Ken Wilber. Yo no tenía idea que existía, así que busque un poco en internet y bajé sus libros en E-Mule. Tengo que decir que empecé la lectura con mucha desconfianza, me temía una colección de libros de superación personal (¿qué libro no es de superación personal?), o peor aún, la puerta de entrada a una secta posmoderna. Lo cierto es lo que encontré es una maravillosa explicación del mundo actual. No me voy a convertir en un wilberista, no estoy de acuerdo con él en algunas cosas o incluso siento que algunas partes de su pensamiento no están bien sustentadas. Pero el punto no es ser su fan, lo importante es que sí ha abierto mi entendimiento del mundo.
El punto más importante de su visión del mundo es que es holística (palabra nueva en mi vocabulario), osea busca entender el mundo como un todo (el yo, el nosotros y el ello). El simple hecho de entender con claridad estas partes me ha sido increiblemente provechoso, me ha abierto las puertas a poder relacionarme de nuevo con el mundo y a volver a sentirlo mío.
Otro punto clave de su pensamiento, que me permitio ordenar en mi cabeza, es su ideas de la evolución. Del cómo el mundo va cambiando y se va desarrollando, y que si bien lo nuevo no es mejor, ya que dentro de lo nuevo también está lo anterior, sí es más profundo. Esto ha sido fundamental para mí. Me ha permitido abrazar el mundo con una perspectiva mucho más clara. Me permite salir del posmodernismo y ver todo con otros ojos. Se han modificado mis relaciones personales, mi relación conmigo mismo, incluso con la naturaleza. Es algo realmente increible.
Y digo increible, porque estos cambios uno no se los espera así. Un día uno piensa de una forma y una serie de nuevas ideas que van entrando al viejo repertorio nos hacen percibirlo todo desde una nueva óptica.
El alma. El espíritu. Otro gran apoyo de Wilber en mi vida. Yo siempre he creído en el alma y el espíritu, sin embargo, soy hijo de un mundo que decidió o negar su existencia, o dejarlo en un segundo plano.
El desarrollo de la conciencia. En este sentido Wilber me abrió un mapa sorprendente. Me identifique en el proceso y ahora sé, con algunas dudas por supuesto, donde estoy parado y hacia donde quiero ir.
Otro punto culminante de este par de semanas fue una tacha que me metí. Un gran reventón con Sasha y Digweed (de ellos sí soy fan). El punto es que termninaron el reven temprano y cuando salí seguía hasta arriba. Luego de toar un pesero, caminé a mi casa. Luego baile en mi cuarto por tres horas más.
Tanta seratonina en mi cabeza me ayudo a enfocar mi vida. La belleza del mundo. Esa sensación de ser uno con todo lo que te rodea. Como, la belleza, nos lleva a lo más hondo de nuestra alma. Y como la belleza está en todas partes. Es algo que ya sabía, pero que de cierta forma había olvidado o dejado de sentir.
Después de tantos encuentros maravillosos ya me sentía a punto, como agua para chocolate. Pero tenía un peso aún en mis espaldas. Y la respuesta vino de mi adorada A. Cabe hacer mención, que no se porqué arreglo divino, hemos estado más cerca. Y eso en sí para mi vida ya es como un continuo estallar de fuegos artificiales en el cielo. Pero su enorme aportación de esta semana fue aclararme que me sucedía.
Todavía estaba metido en una angustia por mis relaciones de pareja. Y estoy, o estaba, en problemas porque a pesar de que me había desarrollado en otras muchas partes de mi vida, en ese tema sigo en los 20 años.
No sé bien que suceda dentro de mí, pero esa plática modificó totalmente mi visión del tema. No sé bien que es lo que pienso al respecto, pero me quito un enorme peso de encima. Ojalá esta semana pueda escribir algo al respecto para ver que tan claro lo tengo.
3/26/2006
3/05/2006
Me, you and everybody we know
About a Boy es sobre todo una gran comedia. Sin embargo, para mi significó mucho más. Tener grandes descubrimientos en películas como The Hours o alguna de Von Trier o Gus Van Sant es algo demasiado obvio para mí. Lo que realmente disfruto, quizá por una búsqueda de no ser ordinario, es encontrar grandes significados existenciales en películas que de primera vista no son tan profundas, quizá ni de segunda, pero que uno puede darles un gran contenido por lo que te despiertan. About a Boy significa para mí la mejor metáfora del cómo creo que deben funcionar las relaciones.
Veo, en el mundo de hoy, quizá tan sólo porque es el único que me ha tocado vivir, que a las personas les cuesta la vida relacionarse con los otros. Si uno se descuida, puede acabar siendo enemigo de las personas que ama. La razón es muy simple: creemos que al amar a alguien, de cierta forma esa persona nos peretenece, y dependiendo del tamaño del amor que se cree sentir, esto se agrava hasta volver las relaciones insostenibles. El amor que tenemos más aprendido es ese del padre que escoge la carrera del hijo porque lo ama o el de la madre que la hace imposible a su nuera la vida por que no le conviene a su amado hijo. El amor común, ese que vemos todos los días, es un amor opresor, un amor de pertenencia.
¿Porqué amamos así? No lo sé. Intento ponerme en los zapatos del padre que obliga a su hijo a ser médico o gerente de circo. Creo que lo que sucede es que uno realmente cree en su propia escala de valores, y lamentablemente la piensa como la única forma de alcanzar la felicidad. Pero entonces, ¿un amor libertario es aquel donde no se juzga ni moral ni éticamente a los otros? Así, si un amigo me dice que tuvo relaciones sexuales con una menor yo simplemente debo seguirlo queriendo, y es más, ni mencionarle que está haciendo algo que está mal. No lo creo.
¿Dónde entonces está la separación entre el yo y el yo de los demás? Y hagámoslo algo aún más complicado, ¿dónde está esa separación en las tradicionales relaciones de pareja? La verdad no lo sé.
Hasta ahora he hablado de este amor opresivo como un tipo de amor, y siempre me he referido a él como tipo porque creo que sólo es eso un tipo. Hay otro amor, que sé de cierto que existe porque lo he vivido, que es un amor que libera. ¿Cómo llegué a él? Igual que en todos los demás amores, y más obvio aún cuando en este caso se trata de una chica (¿Qué tal la palabra chica?) La conocí, luego me gusto, luego me robé su teléfono de una agenda, le marqué, comimos juntos y empezamos una relación que al día de hoy no ha acabado y realmente creo que nunca acabará. Y cabe hacer mención que en ciertos momentos de mi vida también me sucedió con otras personas que ya no. Pero volvamos al caso anterior que es el más analizable.
Creo que el gran éxito de mi relación con ella se basa en el profundo respeto que sentimos él uno por el otro. Y ese enorme respeto, que tiene mucho que ver con la admiración, permite por un lado que podamos cuestionarnos cualquier cosa el uno al otro, pero por otro, que jamás nos hayamos impuesto nada. No existe el chantaje. Nuestro amor, desde hace mucho tiempo, no está a prueba, nos sentimos, cuando estamos claros, absolútamente seguros de él.
La maravilla de este amor es que a pesar de que es real y absolutamente tangible, llegó un momento en que decidimos que nos queremos, que confiamos plenamente el uno en el otro y por lo mismo no es necesario imponernos nada. Me parece que es así de simple.
Pero a pesar de que sea simple, no es facilmente reproducible. Los otros, los de afuera, se dedicán incansáblemente, para nuestro bien o para nuestro mal, a decirnos que es lo bueno y que es lo malo. Y es tan grave que muchos se suicidan por esto, y en el mejor de los casos, nos impide ser felices. Y aquí se presenta una disyuntiva muy clara en busca de la felicidad: uno puede decidir plegarse por completo a los designios de su mundo o rebelarse ante ellos. En mi caso no me queda otra que rebelarme, y pienso que es la mejor opción para cualquiera.
Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer y eso no debe implicar alejarse de las personas que uno ama, es más, si uno las hace bien, deben incluso acercarte. Y funciona. Pienso en lo importante que ha sido el amor que me ha dado esta amiga a mí para que yo llegue a ser yo. Tengo la enorme fortuna de haber encontrado a alguien que entre más yo sea, más me va a querer. Y eso me da una seguridad mounstrosa. Me hace ser, simplemente, libre.
Uno se junta a las otras personas por que no nos queda de otra. Somos ante todo seres sociales. Nos necesitamos porque nos prestamos servicios, porque tenemos que coger, porque necesitamos divertirnos, porque necesitamos compartir el mundo y nuestra vida.
Entonces, a lo largo de nuestro paso por acá, vamos escogiendo gente que formará parte de nuestra vida. Y los escogemos por millones de razones diferentes. Recuerdo que tenía un amigo que podía decir exactamente porque se llevaba con cada una de las personas que estaba en su vida. X Ej.: Isabel es buena para las bodas. Juan para ir al cine. Leonor para las reuniones familiares. No sólo no es tan simple, hacer esto es terrible.
Es un gran error esa terrible necesidad que tenemos todos de clasificar a las personas. De obligar a los demás a jugar papeles preestablecidos en nuestras vidas. Pero lo hacemos, no sólo proque hemos aprendido que así tiene que ser, también porque nos dá una falsa noción de seguridad. Es realmente muy chistoso: somos free, somos novios, vivimos juntos, estamos comprometidos, estamos casados. Y entonces cada uno de estos estados, según la sociedad y según nuestro propia idea del mundo, tiene sus propias reglas y convenciones. Me parece increible como nos gusta encerrarnos, porque la definición es encierro. Si yo digo que Juanita es mi novia, todo mundo entiende a lo que me refiero y actúan en consecuencia. Es diferente si vivo con ella y todo cambia si digo que es mi esposa. Pero lo peor es que no sólo es a ojos de la sociedad, lo grave es que así lo vivimos también nosotros. No necesitamos que los demás nos digan que hacer porque ya lo tenemos totalmente aprendido.
Creo que me he metido en un tema demasiado complejo. Bueno, pero empecé hablando de una película y abandoné el tema por completo. About a boy comienza con el protagonista que está viendo un concurso estilo Jeopardy en la tele y escucha una frase: No somos islas, somos continentes... la misma que cité allá arriba. Él se la atribuye a Bon Jovi y acaba declarándose Ibiza. Por el otro lado, un niño, piensa al ver la terrible vida de su madre que el mundo no puede ser de dos personas, osea que uno no se puede limitar a las parejas.
Y acaba así:
Todavía no acabo, pero me muero de sueño.
Continuará...
Veo, en el mundo de hoy, quizá tan sólo porque es el único que me ha tocado vivir, que a las personas les cuesta la vida relacionarse con los otros. Si uno se descuida, puede acabar siendo enemigo de las personas que ama. La razón es muy simple: creemos que al amar a alguien, de cierta forma esa persona nos peretenece, y dependiendo del tamaño del amor que se cree sentir, esto se agrava hasta volver las relaciones insostenibles. El amor que tenemos más aprendido es ese del padre que escoge la carrera del hijo porque lo ama o el de la madre que la hace imposible a su nuera la vida por que no le conviene a su amado hijo. El amor común, ese que vemos todos los días, es un amor opresor, un amor de pertenencia.
¿Porqué amamos así? No lo sé. Intento ponerme en los zapatos del padre que obliga a su hijo a ser médico o gerente de circo. Creo que lo que sucede es que uno realmente cree en su propia escala de valores, y lamentablemente la piensa como la única forma de alcanzar la felicidad. Pero entonces, ¿un amor libertario es aquel donde no se juzga ni moral ni éticamente a los otros? Así, si un amigo me dice que tuvo relaciones sexuales con una menor yo simplemente debo seguirlo queriendo, y es más, ni mencionarle que está haciendo algo que está mal. No lo creo.
¿Dónde entonces está la separación entre el yo y el yo de los demás? Y hagámoslo algo aún más complicado, ¿dónde está esa separación en las tradicionales relaciones de pareja? La verdad no lo sé.
Hasta ahora he hablado de este amor opresivo como un tipo de amor, y siempre me he referido a él como tipo porque creo que sólo es eso un tipo. Hay otro amor, que sé de cierto que existe porque lo he vivido, que es un amor que libera. ¿Cómo llegué a él? Igual que en todos los demás amores, y más obvio aún cuando en este caso se trata de una chica (¿Qué tal la palabra chica?) La conocí, luego me gusto, luego me robé su teléfono de una agenda, le marqué, comimos juntos y empezamos una relación que al día de hoy no ha acabado y realmente creo que nunca acabará. Y cabe hacer mención que en ciertos momentos de mi vida también me sucedió con otras personas que ya no. Pero volvamos al caso anterior que es el más analizable.
Creo que el gran éxito de mi relación con ella se basa en el profundo respeto que sentimos él uno por el otro. Y ese enorme respeto, que tiene mucho que ver con la admiración, permite por un lado que podamos cuestionarnos cualquier cosa el uno al otro, pero por otro, que jamás nos hayamos impuesto nada. No existe el chantaje. Nuestro amor, desde hace mucho tiempo, no está a prueba, nos sentimos, cuando estamos claros, absolútamente seguros de él.
La maravilla de este amor es que a pesar de que es real y absolutamente tangible, llegó un momento en que decidimos que nos queremos, que confiamos plenamente el uno en el otro y por lo mismo no es necesario imponernos nada. Me parece que es así de simple.
Pero a pesar de que sea simple, no es facilmente reproducible. Los otros, los de afuera, se dedicán incansáblemente, para nuestro bien o para nuestro mal, a decirnos que es lo bueno y que es lo malo. Y es tan grave que muchos se suicidan por esto, y en el mejor de los casos, nos impide ser felices. Y aquí se presenta una disyuntiva muy clara en busca de la felicidad: uno puede decidir plegarse por completo a los designios de su mundo o rebelarse ante ellos. En mi caso no me queda otra que rebelarme, y pienso que es la mejor opción para cualquiera.
Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer y eso no debe implicar alejarse de las personas que uno ama, es más, si uno las hace bien, deben incluso acercarte. Y funciona. Pienso en lo importante que ha sido el amor que me ha dado esta amiga a mí para que yo llegue a ser yo. Tengo la enorme fortuna de haber encontrado a alguien que entre más yo sea, más me va a querer. Y eso me da una seguridad mounstrosa. Me hace ser, simplemente, libre.
Uno se junta a las otras personas por que no nos queda de otra. Somos ante todo seres sociales. Nos necesitamos porque nos prestamos servicios, porque tenemos que coger, porque necesitamos divertirnos, porque necesitamos compartir el mundo y nuestra vida.
Entonces, a lo largo de nuestro paso por acá, vamos escogiendo gente que formará parte de nuestra vida. Y los escogemos por millones de razones diferentes. Recuerdo que tenía un amigo que podía decir exactamente porque se llevaba con cada una de las personas que estaba en su vida. X Ej.: Isabel es buena para las bodas. Juan para ir al cine. Leonor para las reuniones familiares. No sólo no es tan simple, hacer esto es terrible.
Es un gran error esa terrible necesidad que tenemos todos de clasificar a las personas. De obligar a los demás a jugar papeles preestablecidos en nuestras vidas. Pero lo hacemos, no sólo proque hemos aprendido que así tiene que ser, también porque nos dá una falsa noción de seguridad. Es realmente muy chistoso: somos free, somos novios, vivimos juntos, estamos comprometidos, estamos casados. Y entonces cada uno de estos estados, según la sociedad y según nuestro propia idea del mundo, tiene sus propias reglas y convenciones. Me parece increible como nos gusta encerrarnos, porque la definición es encierro. Si yo digo que Juanita es mi novia, todo mundo entiende a lo que me refiero y actúan en consecuencia. Es diferente si vivo con ella y todo cambia si digo que es mi esposa. Pero lo peor es que no sólo es a ojos de la sociedad, lo grave es que así lo vivimos también nosotros. No necesitamos que los demás nos digan que hacer porque ya lo tenemos totalmente aprendido.
Creo que me he metido en un tema demasiado complejo. Bueno, pero empecé hablando de una película y abandoné el tema por completo. About a boy comienza con el protagonista que está viendo un concurso estilo Jeopardy en la tele y escucha una frase: No somos islas, somos continentes... la misma que cité allá arriba. Él se la atribuye a Bon Jovi y acaba declarándose Ibiza. Por el otro lado, un niño, piensa al ver la terrible vida de su madre que el mundo no puede ser de dos personas, osea que uno no se puede limitar a las parejas.
Y acaba así:
Will: [thinking] Every man is an island. I stand by that. But clearly some men are island CHAINS. Underneath, they are connected...De cierta forma esta es mi filosofía de vida. O al menos es como me gusta pensar el mundo.
Marcus: [thinking] I used to think two was not enough. But now things are great; there are loads of people... I don't know what Will was so pissed about. I don't think couples are the future. The way I see it now, we both got back-up now. It's like that thing John Bon Jovi said: 'No man is an island.'
Todavía no acabo, pero me muero de sueño.
Continuará...
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