Si dios no existe, no hay fuerza alguna que guíe nuestros pasos. Ni los pasos del mundo.
Me imagino que puede ser aterrador pensar en lo blanda que es nuestra existencia. Pero partamos del principio principio de nuestra existencia. La loca carrera de entre 200 y 400 millones de espermas enloquecidos por fermentar un óvulo. La victoria de uno u otro de todos ellos nos dará características diferentes. Además si papá se masturbo en la mañana o tuvo una emisión nocturna seremos otros completamente distintos. A eso sumemos los meses de práctica, hasta que el óvulo de nuestra madre, de los cuales desechamos unos cuantos, queda fecundado. A esto agreguemos estas mismas circunstancias con respecto a nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc. Para volverse loco. Existimos gracias al más puro de los azares. Puede parecer dramático, pero así es.
Dramático puede ser para algunos, pero en la realidad es bastante liberador. A fin de cuentas nuestra existencia no se la debemos a nadie, ni tiene un fin específico, ni significados ocultos. Somos libres desde el principio. Podemos por lo tanto encontrar para ella el significado que nos plazca.
Pongamos por ejemplo a un católico. Su vida cobra significado por la existencia de Dios. Dios no existe, mucho menos ese dios bíblico ojete y vengativo, pero a él le basta en creer en él para sentir que su vida tiene un significado. Así nosotros, los sin dios ni diablo, podemos hacer exactamente lo mismo, encontrar en la vida el significado de la vida misma.
Y para ellos contamos con una libertad absoluta. Dirán quizá que estamos limitados por nuestra carga genética. Quizá ella provoque alguna enfermedad o quizá nos haga más inteligentes o más tontos. Pero si estamos de acuerdo en que ella es producto de azar, no es en lo más mínimo una limitante, más bien es el marco desde el que iniciamos en un increíble juego de lotería que lleva millones de años.
Otros dirán que estamos limitados por nuestro entorno, por el tiempo que nos todo vivir, por los golpes que nuestros padres nos propinaron, por la cultura que heredamos. Estas sí son barreras para nuestra libertad. Por lo tanto, enemigas de nuestra realización y de nuestra capacidad de encontrarle significado a nuestra vida. Pero esto no es para espantarse. Si estamos aquí, y estos temas nos preocupan, es que hemos vencido infinidad de esas trabas. Quizá es una lucha constante en la que al final salgamos perdiendo, pero cada batalla ganada nos permite ir un paso más allá, y cada paso nos acerca a la felicidad. Espero tratar después este, y otros temas con mayor profundidad, ahora sólo busco un pequeño esbozo, pero hay un tema que me parece trascendental para poder continuar.
Más allá de la lucha en nuestro subconsciente, de nuestras taras cerebrales que requieren atención psiquiátrica, de nuestros demonios ocultos, hay una palabra que puede servir de guía para darnos cuenta por dónde vamos mal: sometimiento. A diario nos sometemos en lugar de estar construyendo la vida que queremos. Nos sometemos por temor, vergüenza, en busca de amparo, etc. No podemos permitir que una parte de nuestra conciencia someta al resto. Tenemos que luchar.
El otro gran enemigo de nuestra libertad, y quizá al que más tememos, es el azar. Dios, cuando murió, dejó de ser el gran titiritero. El dios de los pescadores guió su lancha, les puso un pato en cubierta, les brindó lluvia todos los días. Los que murieron fue por que dios lo quizo. A nosotros nadie nos traza el camino. No hay fuerza externa que nos eche la mano, es más, ni siquiera nos puede brindar consuelo. No nos queda de otra que buscar el consuelo y la ayuda por nuestra cuenta. No tenemos el control de nada. No hablemos ya del mundo, ni siquiera de nuestro cuerpo. Alguien estornuda, nos entra un virus y enfermamos. Un piano cae de un doceavo piso y nos cae encima. Una enfermedad congénita, de ese azar de millones de años, mata a nuestra tía. Nuestra conciencia no puede hacer nada al respecto, sólo estar lista para aceptarlo. Esto está plenamente ligado a la capacidad de nuestra conciencia de aprender a aceptar el cambio, el azar.
Bitacora del extravío
9/04/2006
9/03/2006
La vida en sí: Primeros pasos
Ver, entender, trabajar, jugar con la conciencia. Buscar y recorrer nuevos caminos interiores, enfrentarse a fantasmas, verse en la mirada de los demás y verlos a través de la nuestra, plantearse nuevas preguntas y encontrar miles de respuestas y así hasta el infinito.
¿Cuál es el significado de la vida? No lo sé de cierto. A lo largo de la vida he ido teniendo diferentes respuestas. Me imagino, no lo recuerdo con precisión, que alguna vez creí en Dios. Me recuerdo hablando con él antes de un examen para el que no había estudiado y por el que mis padres me colgarían del árbol más alto de la cuadra. No sé si funciono o no. Después fui un revolucionario. Era de izquierda, amaba a Fidel y me sentía muy orgulloso de ciertos fragmentos muy breves de la historia de México. Luego me convertí en un humanista. En lo humano estaba la respuesta a todo. Luego el vacío, la nada, la nausea. Ese estado que no lleva al suicidio, pero que como se sufre. La angustia. El sin-sentido de la vida.
Es muy probable, o al menos así lo sentimos muchos, que nuestra vida en sí no tiene ningún sentido. El sentido sólo se lo darán nuestras acciones. Y esta idea existencialista no es en sí mala, es muy optimista. Abre las puertas a la libertad, somos lo que decidimos ser. No hay caminos manifiestos ni cadenas. Sin embargo, junto viene a nuestra alma el sentimiento del desamparo, la angustia por la toma de decisiones, la falta de una guía para la vida, la absoluta incertidumbre ante la muerte o la certeza de que después la nada será aún más grande.
Detengámonos un segundo en la idea anterior. La religión le brinda a los creyentes antes que nada el significado último de la vida. La idea de Dios es tan grande, y por lo mismo tan peligrosa, que es capaz de dar respuestas a todo. Un católico sabe que su fin último es llegar a la gracia de Dios. Un musulmán es capaz de matar 100 civiles con tal de llegar a un hipotético cielo. Pero eso no es todo, además te da protección. Los pescadores mexicanos tras nueve meses en el pacífico sentían que había una fuerza tan grande como la de dios para llevarlos por buen camino. Sólo en sus manos está la decisión de darles un día de vida más o ahogarlos en el mar. Ese poder absoluto, tan temible, brinda amparo. Y no sólo eso, le quita la preocupación al ser humano entre lo que está bien o mal. Dios ya entregó en sobre lacrado todas las normas de conducta, sean los 10 mandamientos o la mente del Papa.
Así que no es extraño sentirse desamparado cuando no tenemos a Dios con nosotros. Tampoco que todas nuestras decisiones caigan sobre nuestras espaldas como lozas, es lógico, cada una de esas decisiones desembocaran no sólo en lo único que somos, también definirán lo que sentimos respecto a los demás. Ya no existen los libritos llenos de respuestas, acabaron por ser insuficientes. Ni siquiera la Ciencia, el reino del ello, a la que la humanidad le apostó todo durante los últimos siglos ha logrado aliviar la situación de los que ahora padecemos. Fue un error, se buscó algo donde no estaba ni nunca había estado.
Las respuestas están no afuera, están adentro.
¿Cuál es el significado de la vida? No lo sé de cierto. A lo largo de la vida he ido teniendo diferentes respuestas. Me imagino, no lo recuerdo con precisión, que alguna vez creí en Dios. Me recuerdo hablando con él antes de un examen para el que no había estudiado y por el que mis padres me colgarían del árbol más alto de la cuadra. No sé si funciono o no. Después fui un revolucionario. Era de izquierda, amaba a Fidel y me sentía muy orgulloso de ciertos fragmentos muy breves de la historia de México. Luego me convertí en un humanista. En lo humano estaba la respuesta a todo. Luego el vacío, la nada, la nausea. Ese estado que no lleva al suicidio, pero que como se sufre. La angustia. El sin-sentido de la vida.
Es muy probable, o al menos así lo sentimos muchos, que nuestra vida en sí no tiene ningún sentido. El sentido sólo se lo darán nuestras acciones. Y esta idea existencialista no es en sí mala, es muy optimista. Abre las puertas a la libertad, somos lo que decidimos ser. No hay caminos manifiestos ni cadenas. Sin embargo, junto viene a nuestra alma el sentimiento del desamparo, la angustia por la toma de decisiones, la falta de una guía para la vida, la absoluta incertidumbre ante la muerte o la certeza de que después la nada será aún más grande.
Detengámonos un segundo en la idea anterior. La religión le brinda a los creyentes antes que nada el significado último de la vida. La idea de Dios es tan grande, y por lo mismo tan peligrosa, que es capaz de dar respuestas a todo. Un católico sabe que su fin último es llegar a la gracia de Dios. Un musulmán es capaz de matar 100 civiles con tal de llegar a un hipotético cielo. Pero eso no es todo, además te da protección. Los pescadores mexicanos tras nueve meses en el pacífico sentían que había una fuerza tan grande como la de dios para llevarlos por buen camino. Sólo en sus manos está la decisión de darles un día de vida más o ahogarlos en el mar. Ese poder absoluto, tan temible, brinda amparo. Y no sólo eso, le quita la preocupación al ser humano entre lo que está bien o mal. Dios ya entregó en sobre lacrado todas las normas de conducta, sean los 10 mandamientos o la mente del Papa.
Así que no es extraño sentirse desamparado cuando no tenemos a Dios con nosotros. Tampoco que todas nuestras decisiones caigan sobre nuestras espaldas como lozas, es lógico, cada una de esas decisiones desembocaran no sólo en lo único que somos, también definirán lo que sentimos respecto a los demás. Ya no existen los libritos llenos de respuestas, acabaron por ser insuficientes. Ni siquiera la Ciencia, el reino del ello, a la que la humanidad le apostó todo durante los últimos siglos ha logrado aliviar la situación de los que ahora padecemos. Fue un error, se buscó algo donde no estaba ni nunca había estado.
Las respuestas están no afuera, están adentro.
La vida en sí
Éste muy probablemente será el título de la novela. Me llegó una mañana soleada caminando por Polanco, junto con una idea: a los que se nos murió Dios sólo nos queda encontrar significado en esto que vivimos.
Ello me llevó, por influencia de Wilber sin duda, a releer a Sartre. ¡Qué sorpresa! ¡Qué lectura tan nueva! A los 18 Sartre te indica una forma de vida, que si la sigues será catastróficamente falsa. A los 30 es un diagnóstico brutal de mi existencia.
La Nausea. Aprhender a vivir con ella. Sin embargo para mí es imposible, no puedo, más bien claro que puedo, pero no quiero. Así que pongo a Mozart en los audífonos a todo volumen y grito: "La Vida en Sí". Ahí tiene que estar la justificación. Sólo es necesario preparar la conciencia, porque la conciencia no anda por ahí con vida propia y nos maneja a su antojo. Los seres humanos somos los únicos seres capaces de tener una relación directa con nuestra conciencia. De revisarla, analizarla, jugar con ella. Esta es quizá nuestra principal labor.
Ello me llevó, por influencia de Wilber sin duda, a releer a Sartre. ¡Qué sorpresa! ¡Qué lectura tan nueva! A los 18 Sartre te indica una forma de vida, que si la sigues será catastróficamente falsa. A los 30 es un diagnóstico brutal de mi existencia.
La Nausea. Aprhender a vivir con ella. Sin embargo para mí es imposible, no puedo, más bien claro que puedo, pero no quiero. Así que pongo a Mozart en los audífonos a todo volumen y grito: "La Vida en Sí". Ahí tiene que estar la justificación. Sólo es necesario preparar la conciencia, porque la conciencia no anda por ahí con vida propia y nos maneja a su antojo. Los seres humanos somos los únicos seres capaces de tener una relación directa con nuestra conciencia. De revisarla, analizarla, jugar con ella. Esta es quizá nuestra principal labor.
8/09/2006
Novela IV
Ya está saliendo. Los personajes han comenzado su diálogo. Empiezan a tomar forma, sobre todo Antia. La magia.
Novela III
Me he quedado atorado. No sé a dónde va la parte de la obra. No entiendo cómo demonios debe ser. Una presentación de los personajes, pero no algo obvio. Estoy apenas con Antia y Truco, debe ser ese principio un buen jalón. que despierte el interés del lector. No creo estarlo logrando. Hay que trabajarlo mucho más.
8/05/2006
Novela II
Ahí vamos. He pasado la primera parte. Todavía no está lista, pero ya condujo a lo que sigue, a la obra de teatro. Después habrá que regresar, una vez que los personajes estén mucho más claros. Por lo pronto, la nueva aventura. Ojalá logré sacarla realmente como una obra y me satisfaga.
Mozart
No hay forma más simple y efectiva de encontrar la belleza que Mozart. Cuando quiera que uno la necesite, no importa si lo que busca uno es consuelo o extasis, basta escoger uno de nuestras obras favoritas del de Salzburgo y listo.
La vastedad de su obra es un viaje interminable.
Gracias Mozart por salvarme la vida tantas veces.
La vastedad de su obra es un viaje interminable.
Gracias Mozart por salvarme la vida tantas veces.
7/31/2006
Reencuentros
El sábado pasado, tras salir de una fiesta, pasé al Gallito de San Ángel a comerme unos tacos. Ahí me encontré a la hermana de mi amigo Enrique. No la había visto en diez años, nos saludamos, intercambiamos un par de comentarios y nos despedimos. Sin embargo ese reencuentro me cimbró. Enrique se suicidó hace más de doce años, un 22 de octubre. Copartimos los años que estuvimos juntos el amor por las letras. También el amor por el café y por la belleza de las mujeres. Un tipo extraordinario que murió antes de probar el mundo. Escribía páginas llenas de su increible cultura y de un ingenio trascendente.
Su recuerdo ha regrsado a mi con una vivacidad maravillosa. He realeído los pocos textos que tengo de él y las palabras que le escribí cuando tuve que enfrentarme a su muerte. Le escribí: "... auqnue pudieron privarnos irremediablemente de tu compañía, nuestro sueño es eterno. Vives y vivirás no sólo en nuestros corazones, también en los de nuestros lectores que debieron haber sido los tuyos.
Nunca tendré el ingenio y la cultura de mi querido Enrique, pero he recordado porque amo escribir. Es sólo dar cauce a las palbras que me persiguen. Escribo para ser libre. Para recrear el mundo.
El poeta es un pequeño Dios, dijo Huidobro. Todo artista es Dios.
Su recuerdo ha regrsado a mi con una vivacidad maravillosa. He realeído los pocos textos que tengo de él y las palabras que le escribí cuando tuve que enfrentarme a su muerte. Le escribí: "... auqnue pudieron privarnos irremediablemente de tu compañía, nuestro sueño es eterno. Vives y vivirás no sólo en nuestros corazones, también en los de nuestros lectores que debieron haber sido los tuyos.
Nunca tendré el ingenio y la cultura de mi querido Enrique, pero he recordado porque amo escribir. Es sólo dar cauce a las palbras que me persiguen. Escribo para ser libre. Para recrear el mundo.
El poeta es un pequeño Dios, dijo Huidobro. Todo artista es Dios.
7/24/2006
De las emociones
Acabo de ver la película Garden State de Zach Braff, el de Scrubs.
Siempre me he sentido y la gente me dice que soy muy intelectual. No lo sé de cierto. Sé que soy de los que lloro fácilmente con una película o en un concierto. Quizá no sea el más expresivo, pero puedo decirle a la gente que la quiero, incluso hasta su astío.
El gran problema del autoanálisis es que uno no tiene punto de comparación. Nunca he sido alguien más para poder saber como se puede ser de una forma distinta. Por esto realmente no sé que tan emocional sea.
También es cierto que no soy del tipo que expresa siempre sus emociones. Me contengo muchas veces. Creo que la gente que expresa todas sus emociones todo el tiempo, peca de grosera. Son los típicos que un día llegan a una fiesta y se ponen a llorarpor el novio que los cortó hace seis meses. Me imagino que lo contrario es aquel que va al funeral de una abuela y está tan feliz que sonríe al dar el pésame.
Yo, desde hace algunos años, me hice a la idea que lo mejor que uno podía hacer ante el mundo era poner la mejor cara posible. No sólo eso. Que la felicidad depende en gran medida de la actitud que uno asuma, así que uno tiene casi que obligarse a ser feliz. ¿Eso estará mal? ¿Me impedirá exprear emociones a las persopnas que me rodean que son importantes de expresar?
Por otro lado, me parece que tampoco soy muy brillante en cuanto a entender lo que los demás sienten, incluso a lo que yo siento. ¿Por esto seré más intelectual que emocional? Muchas veces he quedado boquiabierto ante una persona que empieza a contar con una claridad absoluta la situación emocional de una situación.
La neta no tengo idea de este tema.
Siempre me he sentido y la gente me dice que soy muy intelectual. No lo sé de cierto. Sé que soy de los que lloro fácilmente con una película o en un concierto. Quizá no sea el más expresivo, pero puedo decirle a la gente que la quiero, incluso hasta su astío.
El gran problema del autoanálisis es que uno no tiene punto de comparación. Nunca he sido alguien más para poder saber como se puede ser de una forma distinta. Por esto realmente no sé que tan emocional sea.
También es cierto que no soy del tipo que expresa siempre sus emociones. Me contengo muchas veces. Creo que la gente que expresa todas sus emociones todo el tiempo, peca de grosera. Son los típicos que un día llegan a una fiesta y se ponen a llorarpor el novio que los cortó hace seis meses. Me imagino que lo contrario es aquel que va al funeral de una abuela y está tan feliz que sonríe al dar el pésame.
Yo, desde hace algunos años, me hice a la idea que lo mejor que uno podía hacer ante el mundo era poner la mejor cara posible. No sólo eso. Que la felicidad depende en gran medida de la actitud que uno asuma, así que uno tiene casi que obligarse a ser feliz. ¿Eso estará mal? ¿Me impedirá exprear emociones a las persopnas que me rodean que son importantes de expresar?
Por otro lado, me parece que tampoco soy muy brillante en cuanto a entender lo que los demás sienten, incluso a lo que yo siento. ¿Por esto seré más intelectual que emocional? Muchas veces he quedado boquiabierto ante una persona que empieza a contar con una claridad absoluta la situación emocional de una situación.
La neta no tengo idea de este tema.
7/18/2006
Cambios en el principio de la novela
Empezaremos no sólo con Truco. Haremos un recorrido por todo el edificio y cada departamento. Al final, regresaremos con Truco un poco más largo y su camino hacia la luz. Luego un dibujo del edificio con cada personaje en su departamento. Ahí vamos. Lento, pero seguro.
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