6/12/2006

Del amor y sus demonios

He caido en cuenta que en estos días cumplo 4 meses de ser un soltero. Es ya, sin duda, el periodo más largo de mi vida en este estado. Por supuesto me preocupa no encontrar una nueva mujer amada. Me consuelo pensando que al menos no me he liado en alguna relación fatua.

He de reconocer que la soltería tiene muchas ventajas. Te abre las puertas a conocer gente nueva. La noches son larguísimas. La vida social es una maravilla. Me ha permitido restablecer el diálogo interno que empieza cada vez más a exteriorizarse. He restablecido amistades pasadas y he encontrado nuevos compañeros de viaje. Todo esto es máginifico, sin duda. Sin embargo estoy resintiendo ya la soledad.

¿Qué es lo que resiento? Haciendo un examen de mi desbocada mente, llego a algunas respuestas.

El erotismo. El disfrute pleno del amor. Tocar un cuerpo, besar unos labios, perderse en el enorme placer de juntar la lengua con el ser amado. Sonaré terriblemente cursi, pero algo que ahora veo como nunca antes es la enorme diferencia de enrredarse en el intercambio de fluidos con alguien que amas deseperadamente contra el placer instantaneo de hacerlo con cualquier otra persona. Para ser claro conmigo mismo, eso es lo que más extraño. Ahora sé, lo dudé muchas veces, que las entrañas de las relaciones es el sexo.

Como todo ser humano que amó y que ahora está sólo me pregunto constantemente si alguna vez me volveré a enamorar. Si esa terrible llama volverá a embriagarme. Y me constesto que sí, que obviamente, por más que ahora me parezca imposible, la pasión regresará. Y entonces me pregunto angustiado por el cuándo. Y debo responderme: en cualquier momento, el amor está siempre a la vuelta de la esquina. Es esa mariposa amarilla que se posa en el hombro.

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