La vida no es como uno quisiera, ni como la imaginaba, ni mucho menos. La vida es. Y nos sucede a cada segundo.
Me parece que los últimos meses he andado perdido. Los resultados son diversos. Por un lado sin duda debe haber habido encuentros, pero por otro no existen concresiones.
Lo que estoy cierto es que lo único que me importa en la vida es ser feliz, y ahora no lo soy. No estoy triste ni deprimido tampoco, un poco quiza, sin embargo he dejado de tener conexión vital con todo lo que me rodea. He dejado de ser aquel que se sentía plenamente satisfecho con el mundo y se sentía siempre en el lugar y momento exacto.
Y no he de culpar a nadie de lo que me sucede. Eso jamás. Y como no culpo a nadie las respuestas que busco sé que estan en mí. Y por esto empiezo este diario. Porque ante todo soy un optimista y sé que lo voy a lograr y deseo que quede constancia escrita del proceso.
Mi gran duda es cuales serán los primeros pasos. ¿Qué debo hacer para empezar el camino? Mi primera respuesta es que debo empezar por mi vida espiritual. He ahí la base de todo. Una vez que mi alma vuelva a estar en sintonía todo lo demás será natural y sabré con absoluta claridad que es lo que quiero. Sería un gravísimo error comenzar al revés. Buscar resolver lo mundano sin pensar en el alma. Porque si en el mejor de los casos resolviera lo externo, sólo imposibilitaría mi desarrollo interior.
En cuanto a lo espiritual he de decir que no soy creyente de ningún dios y tampoco esotérico. Mi vida espiritual descansa en la conciencia de que comparto el alma con cada ser humano. Soy parte de lo mismo y comparto el fin último y el desarrollo de mi especie. Creo que al rascar mi alma me encuentro con los demás y al acercarme a la de ellos descifro la mía. Por eso amo el arte. Por eso amo profundamente la creación humana. Y por eso, a pesar de que a veces pueda parecer un misántropo, deseo amar a los demás, a todos.
En mi vida podría afirmar que casi siempre he sido feliz. Nunca me he considerado un tipo desgraciado. Sin embargo, han habido momentos sublimes de mi existencia. El último fue en el 2001 y que me duró mucho tiempo. Alcancé en ese entonces una paz espiritual maravillosa. Y me divertí como loco. Estaba completamente entregado a la vida y todo parecía perfecto. Y luego poco a poco fue desapareciendo. ¿Cómo? No lo sé, espero descifrarlo. A diferencia de mis momentos plenos de los que queda huella, de esos no plenos, no queda constancia escrita. El de la perdida fue un proceso paulatino. Poco a poco. En octubre/noviembre de 2003 toqué fondo. El mundo se me desbarataba. Logré poner algunas soluciones y salí. Salí más o menos. Quizá entonces debí haber buscado soluciones de fondo pero no lo hice. Me dejé llevar. Ahora debo hacerlo y ojalá lo logre y no vuelva a perderme en el limbo.
Creo que el primer paso es revisar aquella época de felicidad. Estoy muy claro que mi objetivo no es repetirla. No soy el mismo ya. Pero me parece que ahí puede haber muchas pistas. Y la mejor forma de emprender ese proyecto es partir de una relectura de la novela que escribí en ese entonces. Una lectura cuyos resultados iré comentando en este blog.
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